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13 febrero 2008

ENTROPÍA


ENTROPÍA

Podríamos decir, por simplificar, que este concepto refleja una medida del orden (o desorden) de un sistema físico. Aunque el origen del mismo hay que buscarlo en la segunda ley de la Termodinámica, su aplicación a los sistemas sociales no tiene desperdicio y, metafóricamente hablando, arroja mucha luz sobre determinados elementos oscuros de dichos sistemas.

Viene a colación el término, y su aplicación a los sistemas organizativos y sociales, para referirme a la siguiente cuestión: mantener en equilibrio y dentro de un cierto orden la organización social exige una inversión de energía ya que todo sistema tiende, de ahí el concepto de "entropía", espontáneamente al desorden. Esto es, ningún sistema persiste a lo largo del tiempo “porque sí”. Aunque no lo parezca, y ello es debido a la pericia de los gestores de los mismos, determinadas estructuras organizativas funcionan de manera fluida y adecuada. Aparentemente pueden no existir unas directrices que articulen el funcionamiento de dicho sistema pero la prueba de que existía un motor (o motores) detrás del funcionamiento de las mismas resulta patente cuando cambian las circunstancias organizativas o personales y, de la noche a la mañana, ese sistema modélico comienza a presentar pequeñas disfunciones, terminando por “griparse” el motor.

A veces, la mayoría, no se valora suficientemente el esfuerzo de personas que, día a día, contribuyen con su prudencia, profesionalidad y “buen-hacer” al funcionamiento de estructuras organizativas diversas: empresas, colegios, hospitales, ONG’s…. por citar algunas.

Esa falta de reconocimiento (que no halago, quede claro todo esto) se combina muchas veces con críticas absurdas, infantiles e injustificadas que hacen que las personas atacadas, injustamente, vayan perdiendo poco a poco las ganas de seguir trabajando en todo aquello que hacían por vocación o profesionalidad.

El síndrome de “burn out”, refleja básicamente esta realidad. Miles de profesionales amanecen cada día, antes de incorporarse a sus puestos de trabajo, con desazón, falta de interés, cansancio y agobio ante la dura faena que les espera en sus puestos de trabajo. En la mayoría de los casos (tratándose de buenos profesionales) acusan una falta de respeto y consideración fruto del desconocimiento del trabajo realizado.

No “quema” tanto el trabajo, si éste es reconfortante y nos permite realizarnos vocacional o profesionalmente, como la injusticia y la desconsideración.

A veces este perfil psicológico puede ser enmarcado en el contexto de una relación de acoso laboral y, consecuentemente, es posible (aunque difícil) identificar a los/as acosadores/as. Otras tantas no se produce en un contexto “tóxico”, no siendo producto de la mala fe o mala intención de un atacante sino de la desidia y desconsideración crónica que a muchas personas les hace no valorar el trabajo ajeno.

Aquí, como en muchos otros sitios, sería necesario que cada cual hiciera lo que tiene que hacer, respetar al de al lado y ponerse un poco en la piel de los demás (empatía); en suma, algo tan fácil de enunciar pero, parece ser, tan difícil de conseguir como “vivir y dejar vivir”…


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