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27 noviembre 2014

Empatía, comportamiento social y neuronas espejo: implicaciones para el liderazgo.

"Visualicemos una tarde de invierno sentados tranquilamente en el sofá mientras disfrutamos plácidamente una película bastante emotiva y sufrimos en cada escena del protagonista como si estuviésemos a su lado. No lo podemos evitar pero varias veces hemos tenido que limpiarnos una evasiva lágrima que se deslizaba por nuestra mejilla..." ¿Por qué manifestamos sentimientos análogos a los que observamos en los demás?

Con independencia de algunas explicaciones psicológicas o sociales al uso, las neurociencias nos ofrecen una llave insustituible para comprender las raíces de este tipo de comportamientos. En el cerebro, concretamente ubicadas en la corteza premotora y el lóbulo parietal, tenemos una red de neuronas, denominadas espejo o especulares, que se activan cuando alguno de nosotros observa una determinada acción en otras personas. La particularidad de esta red neuronal reside en que no son un mero sistema de imitación simple, como se pensó al principio por parte de los investigadores de la Universidad de Parma (Italia), que en el año 1991 estaban estudiando el cerebro de los monos. Antes bien, este curioso sistema espejo nos permite apropiarnos de las acciones, emociones y sensaciones de los demás, como si se tratasen de las nuestras y las viviésemos en nuestro propio cuerpo y mente. Con posterioridad, en el año 2006, su presencia ha sido demostrada en registros neuronales de pacientes humanos. 
Este sistema complejo permite a las personas dotar de significado a las acciones, tanto propias como ajenas, facilitando la comprensión de los demás y vinculándonos a un nivel cognitivo y emocional.
Parece ser que estas neuronas desempeñan un papel esencial en el desarrollo del comportamiento social, las habilidades, el conocimiento y, en suma, el desarrollo de la cultura, en su más amplio sentido.

Hasta aquí, la base teórica del artículo. La segunda parte va dirigida a la reflexión más mundana y próxima a nosotros. Lamentablemente, muchos de los dirigentes y líderes que deberían marcar la senda del trabajo que se realiza en las organizaciones deben de tener, a juzgar por los resultados pragmáticos de su desempeño, un bajo nivel de conectividad entre sus neuronas especulares. Podríamos decir incluso, valga la imagen, que el espejo está bastante empañado, con las nefastas consecuencias que de ello pueden derivarse tanto para sí mismos como para las personas que tienen a su cargo.
Algunas recomendaciones como las que me atrevo a sugerir podrían ser puestas en práctica. Como se trata de una actuación piloto y experimental, se recomienda que no se lleven a "rajatabla" so pena, para algunos de los del "espejo empañado", de que sus acólitos y subordinados intuyan un trastorno bipolar que les induzca a recomendarles un psiquiatra cuanto antes. Por tanto, vayamos paso a paso. Indicaremos algunas posibles estrategias de intervención. Quede constancia de que, afortunadamente, un número no desdeñable de personas que ejercen el liderazgo dominan y abundan en esta línea de actuación. Por tanto, asúmase como un recordatorio y un desideratum todo lo que sigue.

En primer lugar, el modelo que podríamos denominar "Harry el sucio", muy en boga en determinados entornos corporativos y practicado por jefes con menos habilidades sociales que Tarzán tenía antes de encontrarse con Jane, emula las andanzas del famoso actor Clint Eastwood. Sus películas pueden convertirse en un espacio de evasión y esparcimiento pero nunca en un modelo de actuación para un líder que se precie. 


Sonría, no le ocurrirá nada. El contagio emocional que se produce tras una sonrisa oportuna es un precursor muy importante de la empatía. Sus neuronas espejo comenzarán a desentumecerse y a reflejar el brillo que alberga, a buen seguro, en su interior.

Intente mostrar una actitud entusiasta en torno a la materia que estén abordando. Sus neuronas y las del otro se lo agradecerán, fundiendo sus enamoradas sinapsis en una danza fantástica que les permitirá explorar universos recónditos y maravillosos de cooperación.

Sea optimista. Aunque su naturaleza esté más próxima al metabolismo de una almeja, intente proyectar sus expectativas hacia lo mejor que pueda ocurrir en cada situación particular. El optimismo se aprende y tiene como peligrosos efectos colaterales la creación de climas emocionales seguros, empáticos y positivos en el entorno de trabajo.

Tenga grandes expectativas sobre los trabajadores y personal a su cargo. No todos son tan inútiles como usted, créame. No incurra en la barbaridad de rodearse de mediocres que no le hagan sombra porque le terminarán creciendo hongos bajo la moqueta.

Intente comprender algunos comportamientos del personal a su cargo, sobre todo si son especialmente jóvenes. La naturaleza, que es sabia, nos ha permitido seguir creciendo en lo que a evolución de los lóbulos frontales de la corteza cerebral concierne hasta pasada la veintena.

Acompañe siempre que pueda todas las explicaciones con gestos complementarios. No tema, no le confundirán con una reencarnación de la faraona ni con una versión burocrático-administrativa de la niña del exorcista. Al mover las manos y el cuerpo no sólo movemos el corazón sino que añadimos una mayor "potencia de ataque" para proyectar nuestras ideas. En otro artículo profundizaremos en el ámbito de la comunicación no verbal y su importancia para el ejercicio del liderazgo.

Potencie la autoestima de sus trabajadores ya que, además de ser importantes, deben sentirlo. Le vendrá bien por ellos y por usted. En el corto plazo le sería más fácil teledirigir una corporación de acomplejados e inadaptados replicantes; a la larga, se arrepentirá; hágame caso.

Escuche mucho más de lo que hable. De esa forma propiciará la activación de sus propias neuronas espejo, lo que no le vendrá mal. Recuerde que ante la tesitura de parecer tonto o estúpido, permaneciendo callado, puede empeorar sensiblemente la situación si abre la boca en exceso y despeja las dudas preexistentes sobre su estulticia.

Siempre que sea posible, intente evitar la competitividad a ultranza. Sólo los malos jefes, con una carencia pasmosa de habilidades sociales, juegan ese antiguo y trasnochado juego. Potencie el trabajo colaborativo; es mucho más eficaz en términos sociales y biológicos. Recuerde que las famosas neuronas a las que aludimos aquí nos hacen seres profundamente sociales y no meras alimañas sin escrúpulos pululando por la selva de las corporaciones.

Si le gusta y ama lo que hace podrá trasmitir esos sentimientos a todos los que le rodean. Sus neuronas espejo se lo agradecerán y las de los demás, también.

"De las neurociencias a la empatía social pasando por las neuronas espejo, una sugerencia atractiva para el ejercicio del liderazgo" 








2 comentarios:

oxýs morós dijo...

Muchas gracias por el post. Me ha resultado más que interesante. El tema es apasionante en todas sus dimensiones y ámbitos de aplicación.

Las estrategias de intervención me parecen acertadísimas y estoy convencido de que conseguirían desenmascarar (digo… desempañar) la caradura, las legañas congénitas y el funcionamiento especular (en lo que a espejo va referido, líbreme Dios de citar concepto mercantil alguno en mi reflexión) de algún dirigente que otro. Seguramente, con actuaciones como las propuestas, dichos dirigentes aclararían la visión y mejorarían su sistema de comunicación neuronal interferido, dándose cuenta, del valor que tienen todos aquellos que a diario cumplen con su trabajo dejando lo mejor de sí mismos en su esmerado empeño de hacer las cosas como hay que hacerlas, correctamente.

Pero seguimos teniendo un problema: ¿Qué hacemos con los vampiros? Leyenda o no, a mí me dan repelús. Dudo que éstos rehuyan de los espejos de forma consciente para no contagiarse del optimismo y buen hacer de sus trabajadores que andan como Perseo, aceptando arriesgadas misiones y forrando sus oficinas de escudos pulidos, por si acaso, Medusa viene a visitarlos con ganas de dejar otro monumento de piedra. Empiezo a pensar que sus empañamientos no se deben ni siquiera a alguna lesión o incapacidad neuronal que probablemente podrían mejorar espectacularmente con todas tus propuestas y algo de ayuda (no debe ser fácil salir de la zona de confort donde están inmersos, tendremos que respetarlo), si se pusieran a ello.
Probablemente, lo que empezó empañándose y, que en sus orígenes pudiera haberse tratado de alguna forma, se ha convertido con el paso del tiempo y el peso adquirido en la labor a realizar en una costra dura difícil de despegar que no sale aunque se froten. El final es casi predecible, acaban rascándose el lomo los unos a los otros y le cogen gustillo al asunto.

Dado que tu post invita al optimismo y a mí más que a sonreir, me ha llevado a reír a carcajadas con las comparaciones descritas, habrá que pensar en no ir clavando estacas en corazones ajenos; vampiros sin escrúpulos, poco empáticos o no, tienen su misión. Sin ellos no existirían post como el que has escrito.

Un saludo desde la capital.

Mariamercedes Garciassuarez dijo...

gran verdad sentimos de lo que recibimos sea tristeza o alegrias es hermoso el virus contagioso de la risa y poder llegar a los politicos con un poquito de amor y alegria a su alma si la siguen teniendo cuando llegan al poder