23 marzo 2021

¿Tiene el CONFLICTO siempre una connotación negativa?


El conflicto puede ser considerado como una herramienta y no tiene por qué ser malo. Muchas veces se convierte en un instrumento enriquecedor, ya que permite sacar a la luz situaciones que, de otra manera, permanecerían fuera de los focos y podrían ser fuente de problemas aún más profundos. La tendencia natural de aquello que no sale a la luz es el enquistamiento y la reproducción sorda y soterrada de dichos problemas.

En entornos organizativos anquilosados, que funcionan meramente por inercia, el conflicto es valorado como un enemigo a batir. Todo lo que se aparte de lo rutinariamente previsible es visto como una fuente de incertidumbre y las personas que plantean escenarios de mejora y evolución son acalladas violentamente o, lo que es peor, desde el desprecio sordo y continuo que termina por aburrir al más entusiasta.


La tendencia natural de algunos miembros de las organizaciones es la de perpetuarse a toda costa. Determinadas personas utilizan sus puestos para encadenarse en rutinas que justifican su presencia en las mismas. Aportan poco o nada y sobreviven parasitariamente de los espíritus entusiastas que generan proyectos y ganas de trabajar, asentándose en prácticas endogámicas cuyo único objeto es promocionar a otros espíritus similares y vivir a costa de los demás.


El “vampirismo” es una buena metáfora que explica con rizos literarios ese tipo de conductas. El vampiro organizativo teme al conflicto porque cuestiona sus débiles cimientos, logrados a base de “trapicheos” y mercadeos, alejados de una sólida base profesional y humana.


En cualquier organización no es infrecuente encontrar a este tipo de personajes que hurtan el mérito ajeno, ponen zancadillas e intentan arribar a puestos de poder para alcanzar el prestigio y estatus que no pueden conseguir por medios propios y legítimos. Intentan acallar cualquier atisbo de crisis, sin valorar el potencial regenerador y creativo que pudiera tener si fuese gestionada adecuadamente. 


Un conflicto puede permitirnos mejorar todo aquello que permanece latente y perjudica el funcionamiento de una organización. Un abordaje creativo del mismo, implicando a los agentes o personas, poniendo sobre la mesa las cartas y negociando soluciones provechosas para todos puede ser motor de mejora y calidad.


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19 marzo 2021

Canibalismo y organizaciones: la fagocitación ritual del talento.

Sigmun Freud, en su libro "Totem y tabú" (1912), nos ofrece una descripción del mito de la comida totémica. En la horda primitiva, los hermanos asesinan al padre con el único objeto de adquirir su fuerza y poder ante las mujeres.
Ingerir carne humana, práctica habitual en muchos pueblos indígenas de costumbres antropofágicas, no consistía exclusivamente en una práctica o acto desesperado ante situaciones de carencia extrema de alimentos. Antes bien, está suficientemente documentado por los antropólogos la existencia de un canibalismo entendido como ritual de posesión a través del cual se incorporaban las cualidades del enemigo que, de esta manera, se transferían a la persona que ingería la carne humana. 



Reflexionando al respecto y extrapolándolo a contextos organizativos, podemos considerar que los seres humanos, cuando ejercen el poder y sienten la tentación o necesidad de ejercer el dominio sobre los que le rodean, pueden llegar a practicar un canibalismo de las conciencias e ideas de sus "víctimas". 

No es nada infrecuente que cualquiera de nosotros haya conocido a personas que, en el ejercicio de su poder como gestores de recursos humanos, hayan sido manifiestamente incapaces de organizar y desplegar las facultades necesarias para la gobernación de los asuntos sobre los que eran competentes. Ante manifiesta incompetencia, ejerciendo un poder carente de autoridad, han fagocitado simbólicamente las ideas, el trabajo y la ilusión de esforzados trabajadores que no tenían otra pretensión que realizar correctamente las labores encomendadas.
Esta práctica de antropofagia o canibalismo organizacional tenía como objeto primordial evitar que las personas fagocitadas pudiesen desplegar todo el elenco de energía y habilidades que pudieran ensombrecer la figura totémica provista de pies de barro de sus patrocinadores. Adicionalmente, y en un rocambolesco y perverso ejercicio de reciclaje medioambiental postmoderno, dicha energía no era desperdiciada sino hurtada subrepticiamente para que, tras un proceso de maquillaje burdo y elemental, ser presentada como una fresca flor proveniente de una planta reseca y esclerotizada que, de esta forma, podía revivir temporalmente con apariencia de frescura y lozanía.


En condiciones normales, dicha práctica ha podido ser sistematizada por el simple expediente de incorporar nuevas víctimas a la perversa rueda taylorista de la fagocitación simbólica. Un único problema, la huída -aunque debilitada- de cualquier víctima podría generar por sí misma un fortísimo sentimiento de frustración en el totem fagocitador capaz de aniquilar, de ser atrapada, los restos palpitantes de la osada ofrenda humana que saltó sin pedir permiso del altar ceremonial para recuperarse de sus heridas.


"La fagocitación del talento ajeno como vía de supervivencia de la mediocridad" 

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17 marzo 2021

HACKERS

HACKERS y otras cosas...

1. No, no vamos a hablar de virus, infecciones, curas y otros menesteres asociados a la Informática. El término Hacker, no confundir con Cracker, va más allá de todo eso. Aunque, originariamente, surgió en el ámbito de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, ha traspasado fronteras y la cultura y ética Hacker se han expandido, afortunadamente, por lugares lejanos y muy diferentes a su nicho ecológico inicial. A comienzos de la década de los sesenta (del pasado siglo, claro está), un grupo de programadores del MIT -a la sazon, el Instituto Tecnológico de Massachusetts- comenzaron a denominarse Hackers. Posteriormente, en los ochenta, los medios de comunicación aludían frecuentemente con dicho término a la caterva de criminales informáticos -los "malos", por simplificar- que se dedicaban a desarrollar virus diversos con objeto de piratear, infiltrar y destruir los sistemas informáticos de propios y extraños. Para evitar malentendidos, los Hackers -los "buenos", queda claro- comenzaron a denominar a esos piratas informáticos Crackers. No voy a hablar ahora de Informática, sino del "modus vivendi" de muchas personas (las llamaremos, también, Hackers). Su modo de ser, pensar y plantearse la vida se parece mucho a lo que comenzó a denominarse "ética Hacker" y no tiene por qué estar relacionado con ordenadores, redes y tecnologías similares. Intentaré explicarme. Muchos artistas, profesores, artesanos, profesionales diversos... podrían ser considerados Hackers porque en ellos se dan una serie de circunstancias que los singularizan. Disfrutan de y con su trabajo, son creativos y llenos de energía, el dinero (una vez que tienen suficiente para vivir) no es el motor de sus vidas, se apasionan con lo que hacen y encuentran tiempo (sí, ese preciado bien) para hacer muchas cosas diversas ya que no conciben el mismo desde el punto de vista de la producción empresarial taylorista... Son personas flexibles y dueños de sus actos, anteponen su libertad personal ante otros bienes más mundanos que, a la larga, acaban convirtiéndose en cadenas e hipotecas vitales insufribles; son antiautoritarios, ya que respetan a los demás porque han aprendido a respetarse a sí mismos... Conviven con el aparente caos y "productividad" de su entorno sin dejarse influir más allá de lo que su espíritu les permite, pero dejando hacer a los demás; predican con el ejemplo, pero no pretenden ser profetas de nada ni de nadie; viven y, simplemente,... dejan vivir.


2.
Max Weber , sociólogo alemán, publicó entre los años 1904 y 1905 una obra denominada "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Básicamente, la tesis que subyace en dicha obra es que el capitalismo evolucionó a partir de la ética protestante (particularmente, el calvinismo), en la medida en que el hombre común adoptó como motor de su vida la ética del trabajo y del esfuerzo. No estamos hablando de que la religión guíe (en un sentido "supraespiritual", valga el término) o haya guiado la vida de estos hombres, sino de las consecuencias socioeconómicas de una ética subyacente que, con la intención de ganar la salvación eterna, incidía fuertemente en los valores anteriormente mencionados. Como consecuencia, entre otras cosas, de esta forma de vida, la "ética del trabajo" se convierte en la nueva "religión", emancipándose de la ética protestante. El "trabajo" sube a los altares y se convierte en la máxima aspiración vital llegando, en muchos casos, a convertirse en una adicción incompatible con otros menesteres, quizás más humanizadores y gratificantes pero, a la sazón, menos productivos. Fruto de esta "ética y esclavitud del trabajo" son muchos de los comportamientos y actitudes que, de manera aparentemente aséptica, pululan diariamente por nuestras calles, empresas y, cómo no, entornos familiares. Por ejemplo, el tiempo dedicado a la familia, ocio y hogar se ha "optimizado" hasta niveles impensables. El Taylorismo ha entrado de lleno en la "vida después del trabajo" automatizando, simplificando y rentabilizando al máximo cualquier fracción temporal que pudiese perderse de manera "improductiva". Los niños y niñas, en los hogares modernos -laicos y/o católicos mayoritariamente, en nuestro entorno geográfico- son educados devotamente en el marco de esta novísima "ética laboral". Sus agendas no tienen nada que envidiar a las de sus progenitores: actividades extraescolares (o durante el fin de semana, vacaciones o festivos) que incluyen deporte, artes, plástica, refuerzo escolar, música, danza, equitación... Y no es que estas actividades estén mal, de por sí; el problema reside, a mi entender, en el uso y enfoque de las mismas. El día se divide, emulando el modelo productivo-empresarial, en segmentos absolutamente codificados y productivos. Todo lo que no encaje en éstos no existe y, lo que es peor, mucho cuidado con dejar alguno de estos espacios temporales sin hacer algo "de valor". El horror al espacio vacío puede ser mucho peor que la condenación eterna. Para conciliar la vida laboral con la familiar -que se dice ahora- se recurre, frecuentemente, a la "subcontratación de servicios": microondas para comidas "preparadas" y precocinadas, guarderías, actividades -programadas hasta el milímetro- de ocio externo... Los padres y las madres se han convertido, en muchos casos, en eficientes gestores de recursos externos -humanos y materiales- que recurren continuamente al mercado para rellenar los segmentos temporales codificados y actuar, de este modo, eficientemente. Nuestro sueño dorado, la "felicidad enlatada", hecho realidad...

3.

La "ética Hacker" supone un revulsivo contra todo este complejo escenario. El espíritu libre de los Hackers les lleva a tener una verdadera pasión por aprender y transmitir lo que aprenden, no guardándose -cual usureros- el conocimiento al que tienen acceso. Para ellos/as la información es fuente de mejora y es necesario "abrir puertas" más que "cerrar cajones". Suelen ser autodidactas de la vida y preguntan, sin complejos, cuando no saben algo. Ayudan, en definitiva, a otros/as a encontrar el conocimiento. Estructuran su tiempo en formatos mucho más flexibles, disfrutando de la vida y sacando momentos de ocio a lo largo de su jornada. Su mismo trabajo, fuente de satisfacción, lo viven -muchas veces- lúdica y creativamente. En los tiempos que corren, en todos los aspectos, ¿podríamos aprender algo de esta nueva ética o, por el contrario, estamos tan cómodos y seguros de nuestros estilos de vida que no nos merece la pena plantearnos un cambio de escenario....?


19 diciembre 2020

¿LA ÚLTIMA VEZ...?

Micro


Aprovechó la escasa luz que a esa hora de la tarde se colaba por la puerta. Miró fijamente y retuvo en su memoria la entrada del averno al que no pensaba volver jamás. Su particular Cerbero, aquel monstruo que no necesitaba tres cabezas para mostrarle toda su ferocidad, había salido a emborracharse, una noche más. Horas más tarde, como era habitual, volvería con toda la saña e inquina acumulada y, antes de someterla por la fuerza, le arrearía la preceptiva somanta de hostias mientras la increpaba a gritos, obligándola a respirar su pútrido aliento alcoholizado.

Sin demora, recogió sus escasas pertenencias y las guardó en aquella bolsa que se había procurado al efecto y, hasta el momento, había escondido debajo del colchón. No podía arriesgarse a que el canalla de su marido comenzara a machacarla a preguntas pidiéndole explicaciones antes de golpearla hasta dejarla sin sentido.

Se deslizó por el zaguán con agilidad felina y aguzó el oído. Cuando se disponía a franquear la puerta, escuchó el motor del coche...

18 noviembre 2020

MALDITO KARMA

¿Qué culpa tuve yo de reencarnarme en aquel estúpido zoquete que, asalvajado, malvivía en las afueras de aquella mísera y cochambrosa aldea, cuyo nombre no recuerdo con exactitud?

Sin lugar a dudas, maltratar y machacar a los pequeños animales domésticos que tenía mi familia se había convertido en mi secreta debilidad. Era una forma, tan estúpida o malsana como otra cualquiera, de liberarme de la tensión y desgaste que suponía levantarme antes del sol y deslomarme hasta que se ponía. Me tenía merecido reencarnarme en algún bicho, sin la menor duda, para que supiera lo que se pasa y lo sufriese en mis propias carnes.

Volviendo al tiempo presente y por no dilatar en exceso mis tribulaciones... Vamos a ver, enumerando:

Que el Bulldog salido y apestoso del vecino del quinto me sodomice con delectación cada vez que mi dueña, por llamarle de alguna manera a esa ingrata fémina, se despista.... pase.
Que me obliguen a comer la porquería de croquetas procesadas, que saben a plástico industrial, para mantenerme en forma y saludable, en vez de un buen hueso de ternera, provocándome náuseas mientras las trago, también lo paso por alto...

Que aquellos malditos y salvajes enanos, hijos de la... vecina, me hagan la puñeta cuando me sacan al parque a cagar... todavía lo aguanto.

Ahora bien... las fotos que maltratan y sojuzgan mi ego hasta el punto de anhelar volver a morirme y reencarnarme en un león de circo... no tienen nombre. ¡Manda huevos el disfraz de Halloween que me ha encasquetado mi dueña! No lo soporto. ¡Dios!

Prometo ser bueno para huir de esta ignonimia cuanto antes. ¡Sacadme de este cuerpo de caniche! Por favor...

















14 noviembre 2020

JUGANDO CON FUEGO


- No juegues con fuego; te quemarás. Podrás escapar de muchos incendios, pero llegará el día en que algún descuido, una concatenación de casualidades, una conjunción adversa de los astros o un despiste insignificante te harán perder la partida.

- Lo sé, estoy harto de escuchar tus sermones. Crees que actúo así por frivolidad o vicio, pero no puedes llegar a imaginar la fascinación, el brillo, textura y forma que adquiere el fuego que se consume lentamente. Su crepitar exalta mis sentidos y quedo extasiado con su contemplación. Prácticamente nada se le resiste. Tiene poder; inmenso. Adquiero su fuerza porque lo controlo y puedo llegar a dominarlo.

- Dices bien. Te comprendo y puedo llegar a ponerme en tu lugar. Es algo superior a ti; lo sé. Está en tu naturaleza. Lo llevas muy dentro desde que naciste, al menos desde que tienes uso de razón. No me pasaron desapercibidos, aunque aún no me conocías bien, aquellos experimentos infantiles en los que te divertías quemando las alas de aquellas inocentes moscas que atrapabas pacientemente para someterlas a ese ritual que muy pronto se instaló en tu vida de manera paulatina. En el patio trasero, convenientemente resguardado del viento y de las miradas indiscretas de tus padres y hermanas, dedicabas las tardes a encender aquellos fósforos que sustraías hábilmente de la cocina. Con paciencia impropia de tu edad, conseguías inmovilizar a esos pequeños insectos mientras los torturabas con calma, sistemáticamente.

- Ellas no sufrían. Su sistema nervioso no está tan desarrollado como para que pudieran ser conscientes plenamente del dolor infligido. Además, antes de inmolarlas en ese ritual de purificación las metía unos minutos en el congelador. Así, atontadas, anestesiadas convenientemente, eliminaba prácticamente cualquier padecimiento. Cierto es que tuve que controlar el tiempo de exposición al frío extremo porque varios ejemplares perecieron congelados y eso impedía que el acto de purificación fuese pleno y no disfrutaba de su contemplación. Necesitaba verlas moverse mientras sus delicadas alas se carbonizaban.

- Aprecio tu depurada sensibilidad animal. No vayas a creer que soy insensible a tus inquietudes experimentales. Aún así, has llegado demasiado lejos. Créeme, te aprecio porque he convivido contigo desde siempre. Te conozco mejor que tú mismo y, aunque vivieses cien años, no llegarías nunca a conocerte mejor que yo.

- Hoy estás especialmente insistente y cansino. Te aseguro que he llegado a tolerarte. Es más, incluso aprecio tu fino humor, perspicacia e inteligencia. Sabes que, contraviniendo expresamente el criterio de esos matasanos que frecuento desde mi más tierna infancia, siempre me he negado a silenciar mis voces; la tuya en particular. Hemos podido convivir razonablemente bien sin especial conflicto interpersonal.

- Lo sé y te lo agradezco en grado sumo. Eres fuerte y nunca has necesitado esas odiosas pastillas multicolores como auxiliares de tu intelecto. Esos acólitos químicos hubiesen anulado tu voluntad plenamente, regalándote una falsa y domesticada sensación de soberanía a costa de doblegar tu indómita y exultante naturaleza.

- Ya está bien. Déjame en paz para que pueda concentrarme en la tarea. Pronto amanecerá y el fuego perderá gran parte de su magia si es contaminado por los rayos del sol.

- Está bien, pero prométeme que será la última vez.

- Sabes que no me gusta prometer algo que no podría cumplir.

- Lo hago por tu bien. ¿Qué haces? ¡No lo hagas! Te quedarás dormido si te las tomas y podrías quemarte. Ambos pereceríamos. Al menos, apaga ese maldito fósforo. ¡No seas imbécil!

- No creo que pase nada por triplicar la dosis. ¡Ya me tienes harto! ¡Tú lo has querido! ... Esta mierda de pastillas me dejan atontado y no puedo disfrutar plenamente del espectáculo. Tendré que explicárselo al psiquiatra la próxima vez que acuda a su consulta. Además, ya no me apatece encender el fuego. Me caigo de sueño. Tengo que dormir...




12 noviembre 2020

Empatía, comportamiento social y neuronas espejo: implicaciones para el liderazgo.

"Visualicemos una tarde de invierno sentados tranquilamente en el sofá mientras disfrutamos plácidamente una película bastante emotiva y sufrimos en cada escena del protagonista como si estuviésemos a su lado. No lo podemos evitar pero varias veces hemos tenido que limpiarnos una evasiva lágrima que se deslizaba por nuestra mejilla..." ¿Por qué manifestamos sentimientos análogos a los que observamos en los demás?

Con independencia de algunas explicaciones psicológicas o sociales al uso, las neurociencias nos ofrecen una llave insustituible para comprender las raíces de este tipo de comportamientos. En el cerebro, concretamente ubicadas en la corteza premotora y el lóbulo parietal, tenemos una red de neuronas, denominadas espejo o especulares, que se activan cuando alguno de nosotros observa una determinada acción en otras personas. La particularidad de esta red neuronal reside en que no son un mero sistema de imitación simple, como se pensó al principio por parte de los investigadores de la Universidad de Parma (Italia), que en el año 1991 estaban estudiando el cerebro de los monos. Antes bien, este curioso sistema espejo nos permite apropiarnos de las acciones, emociones y sensaciones de los demás, como si se tratasen de las nuestras y las viviésemos en nuestro propio cuerpo y mente. Con posterioridad, en el año 2006, su presencia ha sido demostrada en registros neuronales de pacientes humanos. 
Este sistema complejo permite a las personas dotar de significado a las acciones, tanto propias como ajenas, facilitando la comprensión de los demás y vinculándonos a un nivel cognitivo y emocional.
Parece ser que estas neuronas desempeñan un papel esencial en el desarrollo del comportamiento social, las habilidades, el conocimiento y, en suma, el desarrollo de la cultura, en su más amplio sentido.

Hasta aquí, la base teórica del artículo. La segunda parte va dirigida a la reflexión más mundana y próxima a nosotros. Lamentablemente, muchos de los dirigentes y líderes que deberían marcar la senda del trabajo que se realiza en las organizaciones deben de tener, a juzgar por los resultados pragmáticos de su desempeño, un bajo nivel de conectividad entre sus neuronas especulares. Podríamos decir incluso, valga la imagen, que el espejo está bastante empañado, con las nefastas consecuencias que de ello pueden derivarse tanto para sí mismos como para las personas que tienen a su cargo.
Algunas recomendaciones como las que me atrevo a sugerir podrían ser puestas en práctica. Como se trata de una actuación piloto y experimental, se recomienda que no se lleven a "rajatabla" so pena, para algunos de los del "espejo empañado", de que sus acólitos y subordinados intuyan un trastorno bipolar que les induzca a recomendarles un psiquiatra cuanto antes. Por tanto, vayamos paso a paso. Indicaremos algunas posibles estrategias de intervención. Quede constancia de que, afortunadamente, un número no desdeñable de personas que ejercen el liderazgo dominan y abundan en esta línea de actuación. Por tanto, asúmase como un recordatorio y un desideratum todo lo que sigue.

En primer lugar, el modelo que podríamos denominar "Harry el sucio", muy en boga en determinados entornos corporativos y practicado por jefes con menos habilidades sociales que Tarzán tenía antes de encontrarse con Jane, emula las andanzas del famoso actor Clint Eastwood. Sus películas pueden convertirse en un espacio de evasión y esparcimiento pero nunca en un modelo de actuación para un líder que se precie. 


Sonría, no le ocurrirá nada. El contagio emocional que se produce tras una sonrisa oportuna es un precursor muy importante de la empatía. Sus neuronas espejo comenzarán a desentumecerse y a reflejar el brillo que alberga, a buen seguro, en su interior.

Intente mostrar una actitud entusiasta en torno a la materia que estén abordando. Sus neuronas y las del otro se lo agradecerán, fundiendo sus enamoradas sinapsis en una danza fantástica que les permitirá explorar universos recónditos y maravillosos de cooperación.

Sea optimista. Aunque su naturaleza esté más próxima al metabolismo de una almeja, intente proyectar sus expectativas hacia lo mejor que pueda ocurrir en cada situación particular. El optimismo se aprende y tiene como peligrosos efectos colaterales la creación de climas emocionales seguros, empáticos y positivos en el entorno de trabajo.

Tenga grandes expectativas sobre los trabajadores y personal a su cargo. No todos son tan inútiles como usted, créame. No incurra en la barbaridad de rodearse de mediocres que no le hagan sombra porque le terminarán creciendo hongos bajo la moqueta.

Intente comprender algunos comportamientos del personal a su cargo, sobre todo si son especialmente jóvenes. La naturaleza, que es sabia, nos ha permitido seguir creciendo en lo que a evolución de los lóbulos frontales de la corteza cerebral concierne hasta pasada la veintena.

Acompañe siempre que pueda todas las explicaciones con gestos complementarios. No tema, no le confundirán con una reencarnación de la faraona ni con una versión burocrático-administrativa de la niña del exorcista. Al mover las manos y el cuerpo no sólo movemos el corazón sino que añadimos una mayor "potencia de ataque" para proyectar nuestras ideas. En otro artículo profundizaremos en el ámbito de la comunicación no verbal y su importancia para el ejercicio del liderazgo.

Potencie la autoestima de sus trabajadores ya que, además de ser importantes, deben sentirlo. Le vendrá bien por ellos y por usted. En el corto plazo le sería más fácil teledirigir una corporación de acomplejados e inadaptados replicantes; a la larga, se arrepentirá; hágame caso.

Escuche mucho más de lo que hable. De esa forma propiciará la activación de sus propias neuronas espejo, lo que no le vendrá mal. Recuerde que ante la tesitura de parecer tonto o estúpido, permaneciendo callado, puede empeorar sensiblemente la situación si abre la boca en exceso y despeja las dudas preexistentes sobre su estulticia.

Siempre que sea posible, intente evitar la competitividad a ultranza. Sólo los malos jefes, con una carencia pasmosa de habilidades sociales, juegan ese antiguo y trasnochado juego. Potencie el trabajo colaborativo; es mucho más eficaz en términos sociales y biológicos. Recuerde que las famosas neuronas a las que aludimos aquí nos hacen seres profundamente sociales y no meras alimañas sin escrúpulos pululando por la selva de las corporaciones.

Si le gusta y ama lo que hace podrá trasmitir esos sentimientos a todos los que le rodean. Sus neuronas espejo se lo agradecerán y las de los demás, también.

"De las neurociencias a la empatía social pasando por las neuronas espejo, una sugerencia atractiva para el ejercicio del liderazgo" 











11 noviembre 2020

Psicópatas integrados: ¿gato por liebre...?

El término "psicópata" evoca de manera automática una serie de esquemas cognitivos en todos nosotros que, maleado y cariturizado por la filmografía a la que tan aficionados somos, puede confundirnos al calibrar la verdadera dimensión del término.

Más allá de los casos extremos, que los hay, donde se producen conductas ilícitas de gran impacto social, existen personas perfectamente integradas en la vida social y las organizaciones que responden a un perfil psicopático subclínico, esto es, no diagnosticado por un profesional de la Psicología o Psiquiatría. Ello no debería dejarnos indiferentes porque el daño, larvado y constante, que hacen a los que les rodean y a su entorno genera un deterioro, en lo macro, del ambiente laboral y un desgaste psicológico, en lo micro, que puede ser la antesala de verdaderos calvarios psicológicos para sus víctimas.

La agresión directa, ya sea física o verbal, no suele pasar desapercibida y es relativamente fácil de reconducir y abordar. La realmente peligrosa, es la ejercida por estos psicópatas subclínicos que tienen, ante todo, una necesidad imperiosa, podríamos decir que "patológica", de controlar a los demás y a su entorno. Para ello suelen utilizar cuantos medios de presión psicológicos tienen a su alcance. Ejercen la coacción sobre los demás de manera sistemática, hábil y profundamente dañina para la salud mental y emocional de los acosados. Dado que se trata, por lo general, de personas bastante inteligentes, sus estrategias de manipulación son sutiles y altamente efectivas. Lo más peligroso es que no suelen dejar evidencias, por lo que es difícil denunciarlos y luchar contra estas conductas de acoso.

Su autoestima (y ego) suele ser desproporcionada, creyéndose en todo momento y lugar superiores al resto. Siendo hábiles mentirosos, sin complejos, no tienen remordimientos de conciencia que disipen o neutralicen el daño de sus actuaciones. La empatía, en estos casos, es ínfima o nula.

Otros elementos de su perfil suelen ser la impulsividad, el descontrol, la necesidad constante de estímulos, una retórica efectista, aunque hueca a poco que se analice, y un estilo de vida parasitario. Dibujamos, como se ha podido ver hasta ahora, verdaderas "máquinas de guerra psicológica" rondando las calles y los entornos organizativos.

La expresión más violenta de la psicopatía es la conducta criminal, aunque la mayoría de ellos no suelen ser delincuentes. Si hablamos de cifras, extraemos de la literatura especializada una prevalencia del uno por ciento en la población en general, aumentando hasta cinco si elegimos entornos corporativos, políticos y organizacionales. Estos últimos representan, lamentablemente, el nicho ecológico preferido por almas y espíritus despiadados que con su afán desenfrenado por trepar a costa de cualquiera van dejando cadáveres y "mutilados" por los recovecos de las organizaciones. Lejos de ensalzar este tipo de comportamiento "competitivo", nos iría mejor si observáramos, sacáramos a la luz estas conductas infamantes y buscásemos la manera, difícil aunque no imposible, de limitar o neutralizar el daño que estas conductas psicopáticas (subclínicas y no criminales) infligen a los entornos laborales.


"Los psicópatas integrados corroen y desgastan cualquier entorno humano o social en el que se mueven" 



10 noviembre 2020

La Ley del Talión y el Síndrome de Estocolmo.


Entre los sórdidos territorios de la Ley del Talión y del Síndrome de Estocolmo transita un caudaloso y, en apariencia, apacible río. Lo cruza un desvencijado puente cuyo esqueleto testimonia las sordas batallas que las almas atormentadas que lo atravesaron libraron con su conciencia y el entorno que se dibujaba en cada orilla. 
Las sirenas suecas, mercenarias a sueldo de los amedrentados ectoplasmas tribales que habitaban en ese oscuro territorio, invocaban plegarias con el corazón encogido y el rabo entre las piernas... Algunos transeúntes, siguiendo un impulso humano y misericordioso, se acercaban al mismo para comprobar, presas del pánico, que las frágiles tablas que pisaban se quebraban fácilmente y caían al oscuro río, que discurría indolente y apacible. 
El dilema moral de cruzar el puente, en uno u otro sentido, se configura como un acertijo milenario que cada cual debe resolver con solvencia, destreza y agilidad. Nunca hubo recetas para cruzarlo...

Fuerza y honor. 

Pórtate bien...


Te he dicho que tengas cuidado, que no puedes salir sola; que podrías caerte y hacerte daño. Y luego, mi mamá me riñe porque no he cuidado bien de ti. 

Pórtate bien y te cortaré un trozo de bizcocho que mamá preparó esta mañana para las dos. Vamos, abuela, que va a empezar a llover y no tenemos paraguas...

Blanco y negro. 

16 marzo 2018

Vuela alto...

Lanzada al vacío, con amor y decisión, consiguió desplegar sus mermadas alas antes de estrellarse contra las rocas lamidas por aquellas olas milenarias. El acantilado, que había crecido con los años, visto desde el aire, presentaba una perspectiva sobrecogedora.

Comenzó a batir su pequeñas alas, que habían sido recortadas durante años por su entorno y aquellos falsos profetas que, huntándole el grasiento bálsamo que la tenía anestesiada, la acompañaron durante más tiempo del deseable. 

A medida que volaba notaba más fuerza y podía volar más alto. Miró al acantilado con curiosidad y comprobó, perpleja, la verdadera dimensión del mismo. Sólo tenía que volar, ni más ni menos. Con ilusión, esfuerzo y ganas de vivir se dirigió al horizonte para no volver jamás a esa gruta en la que había estado recluida durante lustros.

Blanco y Negro.

10 marzo 2018

Mantra

A duras penas y con mucho esfuerzo, casi sacada con forceps, logró pronunciar aquella palabra prohibida. La había guardado en lo más profundo de su ser porque le aterraba intuir que aquel sencillo nombre, maltratado y vilipendiado injustamente durante muchos años, pudiese encajar con su identidad más íntima, con lo que anhelaba más allá de lo que era capaz de reconocer en esos momentos.

El tapón, materializado en forma de dolor físico, en el centro de su pecho, le impedía respirar libremente. Todas las facetas de su vida y personalidad estaban siendo aniquiladas por ese bloqueo injusto e irracional, como comenzaba a entender ahora. Comprendió, de una vez por todas, que sus intentos vanos por forjarse un arquetipo acorde con las expectativas de su entorno y de los demás habían sido infructuosos y la estaban matando lenta y dolorosamente.

La palabra dolió al salir, arañando las capas más suaves de su garganta hasta impedirle pronunciarla. La quemazón era insoportable. Poco a poco, lentamente, aprendió a pronunciarla suavemente, despacio, sin prisas.... acariciándola con sus labios... y entendió que todo comenzaba a fluir nuevamente. Tranquilamente, en esos espacios íntimos que ahora se reservaba para sí misma, comenzó a recitar su mantra. Había comenzado a quererse a sí misma y sólo así podía comenzar a querer a los demás...

Blanco y Negro.

07 marzo 2018

Un nuevo comienzo

Dolía como si le hubiesen amputado un miembro gangrenado. Ahora se daba cuenta de que, en su fuero más interno, había intuido el terrible dolor que le sobrevendría cuando afrontara directamente su más profunda inquietud. La operación a corazón abierto había ido razonablemente bien, dada la complejidad inherente a estas intervenciones. El postoperatorio..., ya se lo habían advertido, iba a ser muy duro. 


Tuvo la tentación, en esas primeras horas, de retornar a la tibia penumbra en la que había malvivido desde que tenía uso de razón. Es más, comenzaba a darse cuenta de que muchas de sus pequeñas manías, fobias y problemas emocionales y de autoestima no eran sino un vacuo subterfugio, una cortina de humo que su mente, temerosa y creativa, había creado para alejarse de la zona de peligro que su inconsciente había cartografiado, pero ella se negaba a reconocer en sus mapas mentales y emocionales. Su zona de confort, además, había sido reforzada por aquellos chamanes de opereta a los que había acudido para sanarse y que, paradógicamente, facilitaron que su dolor se introdujese aún más en las cavernas de su ser y echara raíces lentamente. 

Temerosa, pero con un deseo inmenso de seguir avanzando, abrió tímidamente la persiana y dejó que sus dilatadas pupilas, acostumbradas a la oscuridad, acogieran con amor y esperanza los primeros rayos de luz de este nuevo comienzo. Una lágrima, esta vez de felicidad, se deslizó furtivamente por su delicada mejilla...

Blanco y Negro.

06 marzo 2018

Cirugía virtual

Terminó con cuidado y habilidad de suturar todas las capas que había tenido que abrir para acceder a las más profundas áreas de su espíritu y conciencia, del de esa frágil criatura que había acudido a su recóndito oráculo para indagar en las muchas respuestas no encontradas ni halladas tras su largo y dilatado periplo en el interior de su ser. 

Creía haber neutralizado la hemorragia interna que amenazaba con destrozarla. Había que drenar sin prisas todo el fluido tóxico acumulado durante esos años. Ese catéter, hábilmente colocado en el sitio apropiado, variaba siempre en cada persona, por lo que no existían recetas mágicas ni cartografías homologadas, por su carácter inefable y singular. 

Respiraba, que no era poca cosa, ya que su asfixia era patente a muchas leguas. Poco a poco, con calma y artesanalmente, sanarían esas heridas que ella se había autoinfligido para ocultar, sin éxito, lo que anhelaba en lo más profundo de su ser. Sus cicatrices habían conseguido conformar una coraza pétrea que atenazaba cada poro de su piel. El cálido hálito de su entorno la había domesticado hasta convertirla en una muñeca pequeña y desvalida, temerosa de abrir la boca. Quedaba camino por recorrer, pero sabía que podían conseguirlo. Aunque estaba agotado, sonrió... 


Blanco y Negro.

05 marzo 2018

Exorcismo

Escupió lentamente los últimos restos de aquel ectoplasma que la había poseído durante demasiado tiempo. La había acompañado, en calidad de viscoso y soterrado parásito, desde que comenzó su agónico declive. 

El resto, acólitos despreciables de la peor calaña pero ínfima categoría, habían sido masticados con calma, apreciando la hiel que destilaban mientras quejosos y lloriqueantes perdían el sustento vital que les había hecho sentir como gitantes, eso sí, con pies de barro. 

El amargo sabor, curiosamente, le resultó grato porque significaba desprenderse de sus más ocultos temores e inconfesables fobias y tormentos. Se enjuagó la boca despacio, con delectación. Esta vez no gritó...


Blanco y Negro. 

VITAMINAS PARA NO MORIR (de estrés).