19 octubre 2015

Mis reflexiones: HARUKI MURAKAMI 1


Aborda Haruki Murakami con esta frase uno de los aspectos más controvertidos y apasionantes de la naturaleza humana, la percepción de la realidad y nuestra actuación al respecto. Cada uno de nosotros tiene en su interior un "traductor de realidades". Lo hemos adquirido a través de la experiencia, de la reflexión y, todo ello, entremezclado e integrado con nuestra propia naturaleza. Ese prisma o cristal a través del que percibimos actúa como filtro que nos permite relacionarnos con el mundo y todo lo que nos rodea. Esos esquemas interiores (cognitivos, que dirían los expertos) nos salvan y nos hunden; nos dan la vida y nos pueden abocar al precipicio. 

Somos lo que somos porque aprendemos (o desaprendemos) a serlo. La realidad, a veces, pretende ser manipulada por intereses espúreos de gente insana, malvada y sin escrúpulos que nos rodea. Compramos la realidad que nos venden sin, demasiadas veces, invertir (que no perder) el tiempo mínimo que podríamos dedicar a procesar esa información, que nos llega precocinada con objeto de que la consumamos sin saborearla, no vaya a ser que perdamos el tiempo (ese bien tan preciado) en disfrutar de algo que ya otros han decidido cómo deglutir. Claro que es, en el corto plazo, mucho más fácil. Ser borregos adocenados tiene sus indudables ventajas, que dirían algunos. Otros se niegan (nos negamos) y la caterva de francotiradores y advenedizos con pretensiones de medrar en esa pirámide con cimientos de barro se confabulan para segar cualquier brizna de hierba que sobresale de la superficie impoluta y bien cortada del césped. 

Pensar, opinar y reflexionar supone un lujo al que no deberíamos renunciar. Cuesta trabajo conseguirlo. A veces es duro y nos lo ponen aún más difícil. No por ello sería razonable desistir, ya que nuestra naturaleza humana exige, con fuerza desde el interior, que podamos expresarnos e interpretar la realidad para, de ese modo, poder responder a ella sin traicionarnos a nosotros mismos. Luchemos por llegar a ser lo que nuestro potencial nos permita, respetando a los demás y haciéndonos respetar en nuestra singularidad y matices que nos hacen únicos.


16 octubre 2015

Mis reflexiones: PAULO COELHO 1


Si la envidia fuese tiña, ¿cuántos tiñosos habría? El refranero español es sabio cuando cristaliza en tan bella frase uno de los males endémicos del ser humano, laenvidia.

Un Psicológo Social diría que es un mecanismo natural e, incluso, adaptativo. No tenemos que acudir a la ciencia ya que, por ejemplo, es éste uno de los pecados capitales reseñados por la Iglesia. Lo cierto y verdad, que diría un buen amigo, es que prácticamente todos somos, de una manera u otra, envidiosos. Partiendo de esa premisa, intentamos disfrazar con sutiles y rebuscadas palabras lo que, la mayoría de las veces, no es más que simple y pura envidia, aunque la tachemos de "sana".

El problema reside, como casi siempre, en una cuestión de grado y afectación. Cuando nos corroe por dentro, porque somos incapaces de crecer por nosotros mismos, los logros y éxitos de nuestros coetáneos y personas cercanas pueden convertirse en afiladas flechas que se clavan en nuestro corazón. El problema está, por tanto, en el interior de cada uno. O se aprende a canalizarla y se utiliza como elemento o vector de mejora personal o nos terminará arruinando la vida, tanto a nosotros como a nuestro entorno.

La envidia, además, es irracional. Por más que se intente racionalizar ese estado anímico, se escapa a cualquier análisis sensato. Dicho esto, debe quedar claro que envidiamos lo que tenemos cerca y se nos parece. La envidia surge del conocimiento de algo que, no pudiendo tener, es disfrutado por alguien que no creemos merecedor de ello. Habrá que aprender a lidiar y dialogar con ella, tanto si la sentimos como si la sufrimos en nuestras carnes por parte de terceras personas. No queda otra opción.


15 octubre 2015

TE BUSQUÉ



Te busqué,
en silencio y sin mesura
regalándote mis sueños...


Demandé, 
a ese viento que traía
una brizna de tu aroma,
preguntándole sin miedo
si eras tú la que volvía
o era yo que, 
enajenado,
sin remedio enloquecía.

Suspiré,
al rozar aquellos labios
tan ajenos,
tan extraños,
que evocaban tus gemidos
que esquivaban mi lamento
que me hurtaban el sosiego
provocándome el tormento.

No te hallé,
ni en sus cuerpos
ni en sus ojos,
ni en sus risas
ni en sus lloros.

No logré,
sofocar sin quemaduras
esas llamas impacientes
que bailaban a su antojo,
devorándome sin prisa
asfixiándome en su empeño.

Desistí,
muriendo en vida por dentro,
viviendo en ti,
sin hacerlo,
soñándote...
sin quererlo.

14 octubre 2015

SESENTA Y SIETE CÉNTIMOS.

Dejó caer las gafas en su regazo al tiempo que se acomodaba con cuidado en el sillón. Una lágrima surcó lentamente su rostro y vino a subrayar el leve suspiro que exhaló tras leer el farragoso documento que tenía entre las manos. ¿Cómo había podido estar tan ciega? Ahora, a la luz de los últimos acontecimientos sobrevenidos, lo veía todo mucho más claro. Bien pensado, era lo mejor. Aún así, no se merecía el escarnio ni el sufrimiento por el que había pasado. Todo hubiera sido mucho más fácil si las cartas hubiesen estado sobre la mesa desde el principio. Pero no, ese cobarde, ese canalla... jugaba con naipes marcados. 

Evocaba ahora, más de una década después, el estado de embriaguez, casi etílica, en el que se precipitó tras el primer encuentro. Atento, educado, interesante, locuaz, divertido... Había tenido que recurrir más de una vez al uso del diccionario para encontrar términos que describiesen adecuadamente su exuberante y poliédrica personalidad. Ella, una chica de barrio, de extracción social bastante humilde, quedó subyugada por el despliegue de medios de aquel joven encantador que la trataba como a una reina. Haciendo caso omiso de las advertencias que su hermana le comentaba frecuentemente, replegó todas sus defensas y se entregó incondicionalmente a un amor, eso creía que era entonces, como nunca había soñado. Amor que, de tan intenso y apasionado que era, se volvió posesivo con los días y opresivo a medida que su espíritu iba domeñándose ante los arrebatos de celos desproporcionados e irracionales de ese hombre.

Soportó, más de lo que hubiese debido, gritos, destrozos de mobiliario, insultos, algún que otro golpe y salidas de tono airadas de alguien que juraba sin el menor reparo amarla hasta que la muerte los separase. Ahora se daba cuenta, con el tiempo y las profundas cicatrices que surcaban su cuerpo y su alma, de cuanta verdad escondía esa frase premonitoria que él, en su osadía y arrogancia, pronunciaba con excesiva frecuencia. Tal y como acababa de leer en los "hechos probados" de la sentencia condenatoria, sólo pudo imputársele a ese animal una mínima parte del calvario por el que ella había pasado a lo largo de los últimos años. Afortunadamente, varios testigos pudieron apreciar el brutal empujón que le propinó cuando, caminando por la acera, la desplazó hasta el centro de la calzada y un coche que pasaba le destrozó la pierna y parte de la cadera. Cobarde hasta el último momento, comenzó a gritar pidiendo ayuda a los transeúntes mientras ella, según le contaron, permanecía inconsciente encima del pavimento, desangrándose a marchas forzadas. Aún no se explica cómo pudo sobrevivir. La luz apareció ante sus ojos y, esta vez, caminó hacia ella. Esa luz que representaba la decisión irrefutable de apartar a ese miserable de su vida, costara lo que costase.

Al parecer, aquellas acciones delictivas que no llegaban a consumarse, por circunstancias ajenas a la voluntad del agente, quedaban tipificadas en grado de tentativa. La intentó matar, salvajemente, pero aquella mezquina y cobarde actuación no era más, a los ojos de la justicia, que una conducta delictiva inconclusa. La Audiencia Provincial le había imputado, finalmente, un delito de homicidio en grado de tentativa y otro de lesiones. El juez había tenido en cuenta todas las consideraciones del Ministerio Fiscal en sus conclusiones definitivas y dictó una sentencia de siete años y seis meses de prisión para su marido, además de la prohibición de aproximarse a la localidad, domicilio, lugar de trabajo y menos de trescientos metros de su víctima, ella. En concepto de responsabilidad civil, el agresor indemnizaría por todos los conceptos a la víctima en la cantidad de quince mil doscientos cuarenta y ocho euros, con sesenta y siete céntimos...

Sonrió con esa mueca de sarcasmo que sólo los supervivientes pueden hacerlo. Despacio y con cuidado, se incorporó de la butaca donde pasaba sus tardes y, cogiendo su muleta, se dirigió lentamente hacia la cocina para prepararse un café y tomarse algún calmante. Sólo esperaba que las heridas de su alma fuesen cicatrizando con el tiempo. Para eso, lo sabía por experiencia propia, no había pastillas mágicas que le pudiesen ayudar.



13 octubre 2015

Mis reflexiones: Sir FRANCIS BACON 1


Vengarse de alguien es algo que todos hemos podido anhelar en algún momento de nuestras vidas. Es un sentimiento natural que, a mi modo de ver, no debería de atormentarnos. No es esta una reflexión que zahiera ni maltrate a nadie por mostrar su humanidad. 


Ahora bien, la naturaleza de la venganza exige que permanezcamos en tensión para que no perezca el impulso que la generó. Si llegase a cicatrizar la herida, careceríamos de la fuerza necesaria para intentar infligir el daño que nos causó alguien. Esta es, a mi modo de ver, la esencia de la cuestión. No permitimos que cicatrice algo porque anhelamos, más que nada en el mundo, devolver con la misma moneda el daño recibido. 


Toda tensión no resuelta, física o psicológica, termina por hacernos daño. No es esta reflexión una invocación a la venganza, sino todo lo contrario. La venganza es primaria, telúrica, animal y absolutamente comprensible. Pero... no es una buena compañera de viaje. Nos mata lentamente y exige un alto precio. Cuando nos acostumbramos a recurrir a ella como remedio para aliviar tensiones, dejamos abiertas heridas que terminarán por hacernos perecer. Como unos vasos comunicantes, nos convertiremos en seres vengativos, pueriles y simplones y no podremos evolucionar. Además, ofreceremos un blanco fácil, una receta de cocina, para aquellos que realmente quieran hacernos daño, ya que la reacción vengativa es primaria y altamente previsible. 

Dicen que "no hay mayor desprecio que no hacer aprecio". Elaboremos ese sentimiento que puede terminar por machacarnos y permitamos que la tensión que nos acongoja se libere de manera razonable, aliviándonos y cerrando la herida. Así, evolucionaremos y podremos tener la claridad de mente necesaria para evitar en el futuro situaciones como las que propiciaron o provocaron ese daño.



09 octubre 2015

Mis reflexiones: GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ 1


El genial escritor y Maestro de las letras colombiano nos dejó miles de páginas absolutamente imprescindibles. 
Me impactó esta frase que traigo a colación ya que me recordaba a la Ítaca del no menos inmortal Kavafis. Nos esforzamos tanto en obtener lo que, supuestamente, es un destino o final del trayecto dorado y, sin darnos cuenta, descuidamos la senda y el camino por el que dejamos nuestras pisadas.
¿Quién está viviendo, anticipadamente, por nosotros? ¿Hasta qué punto ese destino anhelado que deseamos no viene impuesto por modas, arquetipos y hábitos, esquemas culturales o cualquier otra circunstancia ajena a nuestra verdadera naturaleza? 
Viviendo en sociedad, es absolutamente obvio que recibamos muchas influencias, de las más diversas y variadas fuentes. Sería insensato no prestarles la atención que merecen. Ahora bien, dicho esto, más insensato aún podría ser abandonar nuestro espíritu y permitir que la agenda vital que debiera trazar nuestro camino fuese marcada exclusivamente por la voluntad de otros. Por tanto, sin dejar de realizar una razonable y sensata previsión de futuro, empecemos a valorar el tránsito, el camino y la escarpada. Quizás de esta manera podamos alcanzar, caminando, un estado de ánimo razonablemente compatible con la felicidad.
Aquí, el Maestro nos ofrece no sólo una lección literaria, que también, sino un aforismo existencial; una lección para la vida.


08 octubre 2015

TU RETORNO


En tus sueños
aún revives
tu pasado y sus quimeras,
esa bruma nebulosa
ese espectro agradecido
esa historia,
que fue otra.


Tu vigilia te golpea,
te zahiere
y te envenena.
Te maltrata con sus gestos,
te machaca dulcemente
te adormece,
con su pena.

Aún retornas
cada día,
cada instante,
cada trecho,
a esa senda asilvestrada,
con sus rocas
y sus ramas,
que te envuelve
y te desarma.
Que ignorando tus desvelos
tus miserias
y tus miedos
te inocula lentamente,
paso a paso,
su veneno.

Dime tú,
si estás despierta...
Dime ya,
si estás dispuesta...
Dímelo,
no te arrepientas. 



07 octubre 2015

Mis reflexiones: WILLIAM SHAKESPEARE 1



Profunda la reflexión que nos regala el famosísimo literato y dramaturgo inglés. Lejos de maximalismos y ortodoxias, la vida es algo maravilloso y muy complejo. Nuestro temor atávico a lo desconocido nos hace recrear y construir fábulas, esquemas y artificios que nos ofrecen una imagen falsamente organizada de nuestra existencia.
Siendo absolutamente necesario que aparezcan aspectos y elementos que nos ofrezcan seguridad (nos volveríamos enajenados en caso contrario), no podemos olvidar el altísimo margen de error e imprevisibilidad de todo lo que nos rodea. La vida se parece más a una sutil y sugerente novela negra, donde lo bueno y la bondad, si es que existen, cohabitan con lo malo sin que aparezca, muchas veces, una nítida línea roja que delimite ambos conceptos y experiencias. 
Las anheladas certezas que buscamos para huir de lo impreciso se transmutan en quimeras que nos endilgan un mortífero zarpazo cuando menos lo esperamos. Convivir con la ambigüedad, la provisionalidad y la incertidumbre se convierten en banderas absolutamente necesarias que enarbolar en nuestra existencia de náufragos, porque al final, por mucho que nos intentemos engañar, el que sobrevive lo hace a pesar de los pecios y cicatrices que almacena en su existencia.


06 octubre 2015

LA PRECEPTIVA ARENGA

"... y cada uno de vosotros contribuirá de manera efectiva y eficiente al cumplimiento de los objetivos de esta organización. No lo dudéis. Vuestra aportación, por nimia que pudiera parecer, representa un importante valor añadido, en términos humanos y profesionales. Ni que decir tiene, lo podréis comprobar por vosotros mismos, que estoy a vuestra entera disposición, abierta a cualquier sugerencia que me queráis hacer llegar. Mi despacho tendrá siempre las puertas abiertas para atenderos y escuchar vuestras demandas y peticiones.
No concibo otra manera de trabajar que hacerlo en equipo. Las sinergias que genera una actuación coordinada e integrada de voluntades, con unos objetivos comunes y compartidos, es mucho más potente que la suma de esfuerzos inconexos. La dispersión no debe ser confundida con la autonomía. Esta última tiene perfecta cabida dentro de un marco de trabajo como el que os planteo. Por tanto, una vez trazadas las directrices prioritarias, tendréis la capacidad de ejercer cada una de vuestras competencias de una manera autónoma y responsable.
Dicho todo lo anterior, sólo me resta deciros que es un honor para mí compartir este nuevo ciclo personal con vosotros, profesionales responsables y honestos que contribuirán con su esfuerzo y trabajo al cumplimiento de la misión y objetivos de esta corporación que me honro en dirigir ¡Manos a la obra!"

Se quitó lentamente las gafas y masajeó la cuenca de los ojos. No le había quedado mal la arenga. Aunque le gustaba, y se jactaba de ello, hablar en público sin necesidad de leer sus intervenciones, le aportaba una mayor tranquilidad el hecho de tener el discurso escrito en sus manos. Siempre le podía sobrevenir un bloqueo mental en el momento más inoportuno y su imagen personal, que tanto trabajo le estaba costando construir, podría quedar dañada de algún modo. 

Se movía, a su juicio, en un mundo de buitres carroñeros que ante la menor muestra de debilidad asaltarían sus despojos para exprimirle los jugos. En cualquier caso, esperaba que su tránsito por este destino actual fuese breve. Sus expectativas eran mucho más altas y así se lo había hecho saber a su mentor. Esta vez no había podido ser. Tocaba resistir de la mejor manera posible en este frente de guerra hasta que la situación fuese más propicia y su carrera profesional pudiese seguir evolucionando acorde con su legítima y desbordante ambición.

Dio por terminado el discurso. No estaba dispuesta a perder ni un minuto más del estrictamente necesario con esa jauría de perros de presa. Como siempre, tendría que localizar y embaucar a un pelota servil y abyecto que, suficientemente alimentado en su frágil ego, le hiciera el trabajo sucio y la protegiera. Siempre, con los matices particulares de cada entorno, era lo mismo.

Se levantó de su mesa para asomarse por la ventana de su luminoso despacho y descansar la vista. En unos minutos daría instrucciones a su secretaria para que convocara a los estúpidos de sus subordinados. Suspiró...


30 septiembre 2015

QUIERO SABER



Quiero saber
por qué buscas en silencio
mis miradas.
Por qué surcas con tu aroma
mis desvelos.
Por qué sigues embaucando
mis sentidos.
Por qué lucho
por tener
lo que no puedo.


Si te sueño,
porque vivo sin vivir...
Si te busco,
sólo encuentro desazón...
Si te ignoro
no me cuesta respirar,
sólo puedo
abandonarme
sin pensar.

Dime tú,

añorada presencia.
Si te pido más allá de lo que debo,
si es normal 
que despiertes sin querer,
esta lucha
este sino
este anhelo.

Estoy bien;

aunque vivo,
sólo muero.

28 septiembre 2015

TU INFIERNO Y TU CIELO



Lloras,
en silencio y sin mesura
por aquello que no fuiste,
por aquello que se fue...


Gimes,
y el gemido se acompasa
con tus lágrimas saladas,
con tu llanto,
tan amargo
tan inútil
tan extraño,
tan pequeño como es.

Sueñas,
y soñando que has soñado
no debiendo haber querido,
te das cuenta,
de que nunca
tus heridas se cerraron;
que supuran lentamente
y recuerdan tu pasado.

Tus suspiros y lamentos,
tus congojas
y pesares,
sólo ellos te recuerdan,
cada día,
cada instante,
que el pasado mortecino
se diluye haciendo daño;
socavando tus cimientos,
deshaciéndote despacio,
recordándote el tormento.

Llora,
pero hazlo sin pesares,
liberándote con ello
recordando,
sin dudar,
que eres dueña,
sólo tú,
de tu infierno
y de tu cielo.




24 septiembre 2015

VIVE, BAILA, LLORA Y RÍE


Sueña,
dulce niña...
en frondosas arboledas,
que tamizan y acarician
sin demora, 
sin desvelos,
sin disgustos... 
sin anhelos,
esos rayos luminosos,
esa cálida penumbra
que va envolviendo tus pasos,
lentamente.

Inspira,
sin prisas...
porque nada es permanente,
pero todo permanece
si tu espíritu lo anhela.

Busca,
en cada rayo de sol
la luz que inspire tus días,
el calor que, 
sin dañarte,
reconforte tus pesares,
y acompañe fiel tu llanto.

Y no olvides
que eres tú,
nadie más,
la que marcas esa senda,
esa íntima vereda,
tan oscura o tan brillante,
tan penosa o tan etérea, 
tan volátil como el fuego,
tan estable como el suelo,
intangible como el viento...

Traza el camino
como quieras, 
como puedas,
como sepas,
como debas...

Vive, baila, llora y ríe...






22 septiembre 2015

VUELA, VIVE Y SUEÑA


Vuela,
pero vuela alto y no mires atrás.
Despréndete de esa incómoda coraza,
de ese lastre eterno
que te permitió sobrevivir al infierno helado
mientras te arrastrabas por el suelo.


Pero no la desprecies;
te ayudó a caminar por el páramo de tu existencia.
Ahora comprendes
que su peso es excesivo.
Has acumulado sobre ella capas de sedimentos
que te arrogaste,
que te lanzaron,
que recogiste
en tu afán por salvar el mundo...


Sobrellevarla te hizo fuerte,
antes los ojos de los demás
y los tuyos propios.
Pero todo cansa...
y todo llega.

No permitas más que tu espalda

cargue las miserias que otros, 
egoístamente,
no fueron capaces de solventar.
Ayuda a los demás,
pero ayúdate a tí misma.

Tu naturaleza, 

que es sabia,
ha mostrado síntomas de asfixia.
Los reconoces y te aterran,
porque eres fuerte...
¿o no?

Escúchala,

respétala y sigue sus dictados.
Suelta lastre,
baila,
sumérgete en las aguas de ese mar...
Y permite que el agua salobre
cicatrice tus heridas.

Dolerá,

pero el dolor te hará recordar 
lo que fuiste.
Respira,
hondamente esta vez,
y grita,
grita alto, 
con todas tus fuerzas
y hazlo sin temor.

Lanza al viento tus lamentos y plegarias

y comprenderás,
por fín,
que todo fluye 
aunque no estés,
que todo seguirá fluyendo
cuando te vayas...

Vive, sueña y goza de tus días

y no empeñes más desvelos
ni regales tus lamentos
por que tú,
solo tú,
eres la dueña de tu destino.

Vuela, vive y sueña. 

Sé feliz...



17 septiembre 2015

CARTOGRAFÍAS VITALES

Suspiró profundamente mientras sus pies chapoteaban apaciblemente en la orilla. Hasta el momento no había encontrado actividad más relajante y reparadora que sus paseos diarios, descalzo, por la playa. Esta vez le había costado un esfuerzo sobrehumano superar aquella fase de duelo. Toda pérdida, no necesariamente la de un ser querido, generaba sentimientos  de dolor, muchas veces encontrados y ambivalentes.

Con la objetividad que permiten el tiempo y la distancia, había logrado destilar, en el sinuoso alambique de su memoria, elementos tóxicos como el despecho y la venganza. Al vomitarlos, le habían hecho daño mientras transitaban por todos los poros de su piel, pero mucho menor que el que había sufrido cuando los maceraba lentamente en lo más hondo de su alma. 

Si se analizaba con calma la situación, no se sentía culpable. Eran muchos, demasiados, los episodios rememorados en los que evocó humillación, desprecio e, incluso, maltrato psicológico hacia su persona. Hasta donde era consciente, había logrado sobrevivir sin demasiadas secuelas, que no era poca cosa. Eso era lo más importante. Su error, humano por lo demás, residía en haber confiado a terceros sin escrúpulos la llave de su bienestar personal, en tanto en cuanto aquellos logros mundanos que le regalaba y atribuía su entorno se habían llegado a convertir en el combustible de su autoestima e imagen personal. Vacuos halagos que, ahora estaba seguro de ello, le habían costado más de lo que había imaginado nunca. 

Restañó sus heridas con calma y sosiego; al menos ese mérito era exclusivamente suyo. Otros, en una situación similar, hubiesen perecido destrozados en la sima del ostracismo, a la que se le relegó sin conmiseración alguna. Brillaba demasiado como para que aquellos mediocres fariseos de opereta le permitieran seguir caminando por la superficie, corriendo el riesgo de que sus miserias fuesen propagadas y conocidas.

Su error, el de ellos, fue oficiar el funeral por su espíritu con la intención de sepultar con premura, alevosía y precipitación su memoria. Se equivocaron, aunque ahora estaba seguro que había podido desprenderse de la hiel del despecho que le había inundado durante aquellos largos meses. Lo había conseguido sin esconderla ni disfrazarla. Él mismo se sorprendía de su transformación. Sin duda, cumplir años y sobrevivir a varios naufragios eran circunstancias que podían explicar razonablemente su nuevo enfoque vital, mucho más sereno y apacible. No era un pecio abatido, aunque los más torpes de aquellos miserables mercenarios hubiesen vendido a su madre por albergar esa seguridad. 

Prosiguió su deambular por la orilla, alegrándose de que este nuevo marco de interpretación personal le hubiese llevado a respetar sus cicatrices y apreciarlas. Ellas, y no las patrañas de los adoradores de becerros de oro, eran las que le mostraban con nitidez la cartografía de su vida y marcaban la senda de su particular Ítaca. Siguió caminando tranquilamente mientras disfrutaba del batir de las olas. De ese modo tan sencillo, honró y respetó su naturaleza, que no era otra que la de ser un caminante...




15 septiembre 2015

LENTA AGONÍA

Suspiró tras leer el último mensaje de un admirador en el teléfono móvil mientras tiraba de la cisterna del retrete. La poesía sazonaba su espíritu y le permitía sobrevivir a la indolencia de su miserable rutina diaria. Publicar en su red social favorita se había convertido en el balón de oxígeno que necesitaba para no caer en el profundo pozo del abatimiento. De ahí, pensaba, al pozo de la depresión mediaba una delgada línea roja.

Se retocó el peinado tras lavarse las manos y salió remoloneando del aseo. Se dirigió con la mirada fija en el horizonte de aquel asfixiante cubículo hacia el terminal informático donde se sumergía más horas diarias de las que podía soportar.


Su jefa, esa estúpida y engreída advenediza, la miraba fijamente desde detrás de unas indescriptibles gafas de diseño que costaban más de la mitad de su sueldo mensual. Ni tan siquiera se molestó en esbozar una sonrisa de compromiso. Deslizó su acuosa mirada por el limitado espacio de la oficina y se sentó a esperar el final de la jornada delante de su ordenador.

Ser madre soltera, con dos hijos a su cargo, le impedía escapar de aquella mazmorra en esos momentos, por más que lo deseara ardientemente. Estaba sufriendo las secuelas del marasmo en que se hallaba encarcelada. No obstante, decidió que su voluntad no podría soportar por mucho tiempo esa situación laboral, que había conseguido alienarla y socavar su espíritu. 

Respiró a fondo y suspiró. Decidió en ese mismo instante que ese sería el último episodio de su pasado. Ahora tocaba comenzar a construir el futuro. Activó la pantalla y se dispuso a trazar una nueva derrota para su nave. El naufragio no estaba dentro de sus planes. 



VITAMINAS PARA NO MORIR (de estrés).