
Tras cierto tiempo ausente, mediáticamente hablando, tengo intención de retomar este espacio (que pretende ser compartido) en breve.






Yago, uno de los alféreces de Otelo, guarda hacia éste un resentimiento que bordea lo patológico. La causa, un ascenso en su carrera militar no concedido por Otelo. Representa este oscuro personaje, Yago, el odio más ruin, combinado con la hipocresía, que mantiene engañado a todos los que le rodean sin que éstos atisben a imaginar las oscuras intenciones que oculta su atormentado espíritu. La búsqueda del Santo Grial tiene su génesis en la literatura artúrica (siglos XII y XIII), aunque se pueden trazar orígenes más remotos a partir de leyendas y relatos celtas mucho más antiguos. En esencia, relata la historia de los Caballeros del Rey Arturo (Mesa Redonda) y su búsqueda del divino objeto usado en la última cena de Jesucristo con sus apóstoles.
Por otra parte, seguimos con las leyendas y mitos,
El hombre (y la mujer, por supuesto) postmoderno está –aparentemente- por encima de estos mitos arcaicos, anteriormente mencionados; pero provisto de estadísticas, indicadores, sistemas de medición y otros útiles más sinuosos y sutiles recrea, aunque nos parezca mentira, la búsqueda de nuevos mitos (“Griales” y “Piedras”…) que, sin la carga de lirismo y efluvios románticos que guiaron históricamente a sus antepasados, fundamenten su existencia.
La búsqueda de
Nadie en su sano juicio, aún bajo tormento y tortura, abjuraría de
Aunque se pretenda “normalizar” el término, existen muchas visiones de
Dando por sentado que todos sabemos a qué nos referimos cuando hablamos del citado concepto (lo que es, probablemente, una falacia) el discurso oficial de los “Teólogos de
Bueno sería, digo yo, la búsqueda de planteamientos serios tendentes a lo que son las legítimas aspiraciones de muchas personas: mejorar, evolucionar, solucionar los problemas…. Y eso me parecería magnífico, de verdad. Pero, una vez más, me da la impresión que asistimos a la creación de una nueva casta de “gurús” o “sumos sacerdotes” que, con mayor o menor acierto, legitimarán con su interpretación de los hechos y la doctrina las actuaciones de los pobres mortales que se encuentran al otro lado del púlpito. Habremos, eso sí, evolucionado; ya no tendremos que sacrificar a un pobre animal (Levítico) o destriparlo para interpretar los designios divinos sino que nos conformaremos con retirarle (si la tuviese en su poder) o denegarle una limpia y aséptica certificación de Calidad.
Qué le vamos a hacer; ya lo dijo Salomón en el Eclesiastés: “Nihil sub sole novum"… (No hay nada nuevo bajo el sol…).


ENTROPÍA
Viene a colación el término, y su aplicación a los sistemas organizativos y sociales, para referirme a la siguiente cuestión: mantener en equilibrio y dentro de un cierto orden la organización social exige una inversión de energía ya que todo sistema tiende, de ahí el concepto de "entropía", espontáneamente al desorden. Esto es, ningún sistema persiste a lo largo del tiempo “porque sí”. Aunque no lo parezca, y ello es debido a la pericia de los gestores de los mismos, determinadas estructuras organizativas funcionan de manera fluida y adecuada. Aparentemente pueden no existir unas directrices que articulen el funcionamiento de dicho sistema pero la prueba de que existía un motor (o motores) detrás del funcionamiento de las mismas resulta patente cuando cambian las circunstancias organizativas o personales y, de la noche a la mañana, ese sistema modélico comienza a presentar pequeñas disfunciones, terminando por “griparse” el motor.
A veces, la mayoría, no se valora suficientemente el esfuerzo de personas que, día a día, contribuyen con su prudencia, profesionalidad y “buen-hacer” al funcionamiento de estructuras organizativas diversas: empresas, colegios, hospitales, ONG’s…. por citar algunas.
Esa falta de reconocimiento (que no halago, quede claro todo esto) se combina muchas veces con críticas absurdas, infantiles e injustificadas que hacen que las personas atacadas, injustamente, vayan perdiendo poco a poco las ganas de seguir trabajando en todo aquello que hacían por vocación o profesionalidad.
El síndrome de “burn out”, refleja básicamente esta realidad. Miles de profesionales amanecen cada día, antes de incorporarse a sus puestos de trabajo, con desazón, falta de interés, cansancio y agobio ante la dura faena que les espera en sus puestos de trabajo. En la mayoría de los casos (tratándose de buenos profesionales) acusan una falta de respeto y consideración fruto del desconocimiento del trabajo realizado.
No “quema” tanto el trabajo, si éste es reconfortante y nos permite realizarnos vocacional o profesionalmente, como la injusticia y la desconsideración.
A veces este perfil psicológico puede ser enmarcado en el contexto de una relación de acoso laboral y, consecuentemente, es posible (aunque difícil) identificar a los/as acosadores/as. Otras tantas no se produce en un contexto “tóxico”, no siendo producto de la mala fe o mala intención de un atacante sino de la desidia y desconsideración crónica que a muchas personas les hace no valorar el trabajo ajeno.
Aquí, como en muchos otros sitios, sería necesario que cada cual hiciera lo que tiene que hacer, respetar al de al lado y ponerse un poco en la piel de los demás (empatía); en suma, algo tan fácil de enunciar pero, parece ser, tan difícil de conseguir como “vivir y dejar vivir”…